Asesino de El Pinar enfrenta una condena de hasta 30 años

Así lo explicó el juez que lo procesó con prisión, Juvenal Javier. Este martes fue el sepelio de las tres víctimas: su esposa, su hijo de 14 meses y su suegra.

07 de agosto de 2012, 18:23hs

 

El sepelio se realizó este martes en el Cementerio del Buceo. El juez del caso, Juvenal Javier, aún redacta el auto de procesamiento. En la noche de este lunes el magistrado de Ciudad de la Costa procesó al hombre que mató en El Pinar a su familia, por dos homicidios especialmente agravado (el de su esposa y su hijo) y uno muy especialmente agravado (el de su suegra). Este fue distinto porque lo hizo para intentar cubrir sus dos anteriores homcidios, lo que fue considerado por el juez como un agravante especial, de acuerdo al artículo 312 del Códiho Penal.

Juvenal Javier explicó que por los dos primeros homicidios el asesino puede recibir una pena de entre 15 y 24 años de cárcel. Por el tercer asesinato la pena puede llegar a los 30 años.

En lo que va de 2012 ya hubo 19 muertes por casos de violencia doméstica. Mirá la nota aquí.

EL CASO. El matrimonio que conformaba con A.P., una cirujana de 39 años, estaba en problemas desde hace tiempo. Según él estaban separados desde hace cuatro meses. Según denunció la víctima a la Policía antes del crimen, vivían en la misma casa pero sin estar juntos desde hacía un año y medio.

La familia de ella estaba radicada en El Pinar desde hacía mucho tiempo, y posee varias propiedades en la zona.

La víctima pensaba que, al estar cerca de sus padres, estaba protegida. Y luchaba por salir adelante ya sin su esposo. Además de trabajar como médica en varias instituciones, recientemente había inaugurado un SPA en la misma zona donde vivía.

El domingo, la tensión en el matrimonio llegó a su clímax. El marido solicitó dinero que había puesto en la construcción de la casa como una condición para irse. La discusión subió de tono. Reclamaba 50.000 dólares. La casa estaba tasada en medio millón de dólares y él -según la familia- no había invertido nada.

Como en casi todos los casos de violencia doméstica, había denuncias anteriores ante la seccional 27° de Canelones. Los problemas de pareja habían comenzado cuando ella quedó embarazada. Él no quería tener hijos, según cuenta una crónica de Últimas Noticias.

En la última denuncia, que ocurrió el domingo a mediodía después de la discusión, la mujer le dijo a los agentes que ella confiaba en resolver los problemas sin intervención policial. Sin embargo, contó que temía que su marido se suicidara. No explicó por qué. 

El hombre, que era propietario de taxis, vivía en la parte de abajo de la casa de dos pisos que habían construido años atrás. Ella y su hijo vivían arriba. Durante todo ese tiempo, nunca se ocupo del menor, según testimonios de familiares.

Sobre las 20,30 horas, la pareja tuvo una segunda pelea. La mujer estaba decidida a mudarse con sus padres y fue a buscar ropa. 

Allí se encontró con su marido. En medio de la discusión llamó a su madre. Según el diario El Observador, la suegra se dio cuenta que las cosas se habían pasado de la raya y decidió ir a la casa. Su marido, que estaba mirando la TV, preguntó que estaba pasando, pero su esposa decidió dejarlo afuera del tema.

El victimario estaba más molesto todavía por la nueva denuncia policial. Tomó un cuchillo y le dio trece puñaladas a quien era su esposa. Al bebé le dio tres cuchilladas. Para entonces llegó a la casa su suegra. Se lanzó sobre ella y le asestó seis puñaladas.

Eran las 22.30 horas. Un familiar de las víctimas llamó al 911 pero era demasiado tarde. El triple homicidio se había consumado.

El asesino apareció en la mañana del lunes aterido de frío en unos médanos cercanos.

El juez Javier quedó sorprendido por la falta de arrepentimiento del hombre. Dijo abiertamente que nunca quiso al niño.

El abuelo del menor no tenía consuelo. En nota con El Observador, se mostró devastado. Él le había presentado a su hija a quien terminó siendo su asesino. Era su cliente en el estudio contable de su propiedad.

"Al principio era todo bandejas servidas porque nosotros poníamos la plata", recuerda el abuelo sobre los primeros tiempos de noviazgo de su hija y el homicida. "Él es de guita también pero no larga ni un mango".

El hombre no escuchó los gritos de su esposa, que ya estaba en el suelo desangrándose. 

Uno de sus hijos, que también vive en la cuadra, sí escuchó y acudió al llamado.

Se encontró con el dantesco escenario. Su madre sentada en una silla, todavía consciente. Un poco más allá su hermana muerta y su sobrino en el suelo.

"Salvá a tu hermana, yo estoy bien", le dijo la madre, ya agonizante. "Es un monstruo", repitió varias veces. La última vez lo dijo cuando la camioneta corría por avenida Italia rumbo a la Asociación Española. 

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