La revolución Arachana

Viajar se hizo costumbre en mis primeros años como relator de fútbol. La historia comenzó en un amanecer veraniego cuando llegué hasta la vieja terminal de ómnibus ...

 

Viajar se hizo costumbre en mis primeros años como relator de fútbol. La historia comenzó en un amanecer veraniego cuando llegué hasta la vieja terminal de ómnibus de “Turil” en 18 de Julio -lindera con el desaparecido “Banco de Crédito”- para marchar –por primera vez- hacia Rivera.

Claudio Yanusso, un emprendedor argentino, tras la insistencia de quien, con los años se convertiría en uno de mis grandes amigos, Sergio Correa -hoy integrante de la Gerencia Deportiva de Juventud de Las Piedras-, me propuso ser el relator de una de las emisoras más importantes del Norte uruguayo, CW 43B Radio Internacional.

Tuve que pedir permiso en la redacción del viejo diario "El Día" y como “Radio Imparcial”, el otro medio en el que trabajaba, pertenecía a la familia Iglesias -propietarios de la “Internacional”- me ahorré el discurso de las razones de mi ausencia laboral.

De aquel primer viaje han pasado 21 años. Desembarqué a una cuadra de la Plaza  Artigas, sin tener idea de cuál era la "Avenida Sarandí", motor comercial de una ciudad que me brindaría bellas satisfacciones.Nunca imaginé que en poco tiempo me identificaría tanto con el norteño departamento.  

En  las viejas cabinas del estadio “Atilio Paiva Olivera” ´-con 40 grados de sensación térmica en verano- conté alegrías y tristezas en “color cielo”, el de  la fronteriza selección que defendieron Pablo Javier Bengoechea y Hugo De León.

Los benditos piques de la pelota me llevaron por todo el Norte del Río Negro. Así, grité goles en la “Frontera de la Paz”, en el castigado “Parque 7 de Setiembre” -siempre escenario de las devastadoras inundaciones del Río Cuareim- o en el añejo “18 de Julio” de Tacuarembó, hoy remozado “Goyenola”.

Vi atardeceres para guardar en el alma en el “Omar Odriozzola” de Paso de los Toros. Me empaparon un día de carnaval en Dolores y me sepultaron con tierra colorada en Tranqueras.

Me sorprendió 1995 asistiendo a una misa del Intendente Jorge Larrañaga en la “Heroica” Paysandú cuando reinauguró el estadio Artigas y compartiendo los apuros del ejecutivo Walter Riesgo para finalizar en Rivera el estadio más grande del interior.  También participé de la recorrida triunfal del moderno y funcional Campus Municipal de la ciudad que gobernaba Burgueño.Fui y vine en aquella legendaria Copa América que ganó el equipo de “Pichón”.

Con los años, este capitalino, hijo de colonienses educados  en el pequeño Riachuelo, entendió que la pasión por el fútbol no tenía fronteras. Ni siquiera la que inconscientemente trazamos al cambiar el andar apurado de nuestra capital por  la sana paz de Tierra Adentro.Así, en aquellos viajes que compartía con el “Negro” Gutiérrez y mis compañeros de ruta, una palabrita comenzó a seducirme: integración.

Siempre pensé que para competir interior- capital se necesitaba inversión, compromiso departamental y sostén económico de los estamentos del fútbol y la televisión para construir una estructura de divisiones juveniles que -a mediano plazo- permitiera colocar jugadores formados en el club en otros equipos con la contrapartida de dineros que hicieran crecer al club. Apoyo de la comuna y unión detrás de un interés común.

 Conocimiento de la idiosincrasia, las costumbres, la vida cotidiana y comercial de cada ciudad -por ejemplo, nunca jugar en Rivera un sábado a la tarde, día de intensa actividad comercial- y dineros extras  para que las divisiones formativas pudieran cumplir con el cronograma de viajes para competir con los equipos de Montevideo y viceversa. 

Además, mil etcéteras que aprendí en los kilómetros recorridos durante 10 hermosos años de relato en el interior.Sin embargo, el día que llegó la integración esos principios básicos no se tuvo en cuenta. En el afán de operar con rapidez se falló estrepitosamente. 

Apareció el “Frontera Rivera” de la Avenida 1825 y el “Paysandú Bella Vista”, cuadros de escaso arraigo departamental, el “Deportivo Maldonado”, el “Plaza Colonia”, incapaz de llenar el estadio de la histórica ciudad, los increíbles “Deportivo Colonia” y “Rivera-Livramento” y los efímeros “Salto” y “Paysandú FC”. “Rocha” fue espejismo, celebró con una vaca en la cancha del “Sobrero” cuando fue campeón, llegó a la Libertadores y se fundió. 

“Juventud de Las Piedras” siempre estuvo más cerca de ser un equipo de la capital que un linajudo representante chacarero.Sólo “Tacuarembó FC”  -aún con tremendas tormentas económicas y el insólito desembarco de Navarro Montoya con paro incluido- se mantenía en medio de los huracanados vientos que presagiaban el fin de la integración, respondiendo a la reclamada identidad departamental.

Hasta que un día la “B” lo devoró...Y cuando la fusión entre capital e interior recorría caminos en tinieblas, cuando hechiceros y agoreros de la catástrofe aseguraban su muerte súbita llegó la “Revolución Arachana”.Etimológicamente, “arachán” significa "nacimiento del sol". Una buena definición. 

Historiadores sostienen que 2000 años antes de Cristo cruzaron el Pacífico, domaron Los Andes y se instalaron cerca de lagunas, humedales y mares.Tal vez, la leyenda pueda asimilarse con el paso del tiempo a andanzas futboleras. 

Habrá un caudillo -Danielo Núñez-, una tribu de gigantes que se animó a librar batallas imposibles y una comunidad que se unió para apoyarlos y llenó el templo del “Ubilla” para compartir la furia indomable del interior y hacerles sentir que la sangre de aquellos gladiadores los inspiraba.

Una copa internacional aparece como seductora meta. Pero además, se remodeló el estadio, hubo apoyo comunal, se sacudió el departamento cada vez que jugó el equipo, cayó Nacional por goleada y creció el apoyo a las inferiores.

Hoy, que Cerro Largo es la sensación del fútbol uruguayo, y que su éxito se sostiene sobre las bases que siempre soñé para una adecuada integración sólo se me ocurre proclamar: ¡Viva la Revolución Arachana!

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