La Rendición que no te Cuentan

Ya está lanzada una nueva discusión sobre el presupuesto del Estado y sus posibles modificaciones, a través del Proyecto de Rendición de Cuentas que envió el Poder Ejecutivo al Parlamento.

Ya está lanzada una nueva discusión sobre el presupuesto del Estado y sus posibles modificaciones, a través del Proyecto de Rendición de Cuentas que envió el Poder Ejecutivo al Parlamento.

En los últimos años, hubo modificaciones importantes en la estructura del gasto estatal. Lo destinado a educación pasó de 12% del gasto total a casi 17%, entre 2004 y 2016. En ese mismo período, el gasto en salud pasó de 5 a 8% del total. Esto se logró –principalmente- porque el pago de intereses bajó de 21 a 10% del total, y también bajó el gasto en defensa.

Al mismo tiempo, el gasto en relación al PBI ha venido subiendo, pasando de 26% en 2004 a cerca de 34% actualmente (incluyendo intendencias). Dado que se ha generado un déficit importante, hubo que aumentar impuestos, lo que está afectando la competitividad. Estos aumentos de impuestos se han cargado principalmente sobre los sectores de ingresos medios y medio altos, a través de mayores tasas del IRPF. La tasa máxima de este impuesto subió de 25% (cuando comenzó a aplicarse en 2007) al 36% actual.

La expansión del gasto de los últimos años ha reforzado un problema serio del Estado uruguayo y la economía: la extrema rigidez de los compromisos y –por tanto- la casi nula posibilidad de reducir el gasto, al menos en forma relevante y a corto plazo. Algo que sería necesario para que el ajuste no recaiga todo en aumentar los ingresos.

La rigidez reside en que más del 65% del gasto se compone de jubilaciones y salarios, que –más que partidas presupuestales que se renuevan cada tanto tiempo- son derechos adquiridos por las personas, individuales. Esto vale especialmente para las jubilaciones, cuyo número aumentó sustancialmente en los últimos años. A todo esto hay que agregar que cerca del 10% del gasto estatal se destina a pagar intereses de deuda.

Así, queda muy poco margen para modificaciones relevantes en la estructura del gasto. No queremos decir con esto que la discusión de la Rendición de Cuentas sea irrelevante, pero el margen de maniobra de los parlamentarios es estrecho. Buena parte ya ha sido cedido a los jubilados, los trabajadores estatales y a los acreedores financieros.

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