La preocupación fiscal

Se vienen las elecciones y –al mismo tiempo- la situación fiscal se está deteriorando. Ante esto, en la oposición política se señala el problema como una responsabilidad del gobierno: el que hable de “ajuste fiscal” pierde.

Se vienen las elecciones y –al mismo tiempo- la situación fiscal se está deteriorando. Ante esto, en la oposición política se señala el problema como una responsabilidad del gobierno, aunque con ciertos cuidados: el que hable de “ajuste fiscal” pierde. Mientras en el gobierno tampoco se quiere hablar mucho del asunto, lógicamente, pues los números no son buenos: a pesar del buen crecimiento económico, el déficit ya supera el 3% del PBI (unos 1.600 millones de dólares) y se pronostica que se ubique en al menos 3,3% al cierre del año.

La situación no es urgente porque Uruguay tiene una abundante liquidez y varias ventanillas de crédito disponible, además de un endeudamiento perfilado a largo plazo, que permite dormir tranquilo. Sin embargo –precisamente- no hay que dormirse en los laureles: la dinámica fiscal en Uruguay es bastante perversa, los gastos están todos comprometidos y son –en su mayoría- poco flexibles (jubilaciones y salarios se llevan casi 60% del gasto total). Los ingresos, en cambio, varían con la actividad económica. Y si bien siguen subiendo, no lo hacen al ritmo del gasto, lo que implica que la brecha fiscal se siga abriendo si no se toman medidas.

El asunto lo va a tener que encarar el próximo gobierno y no es sencillo. El resultado fiscal es una síntesis de muchas decisiones: de la cantidad de gasto y sus prioridades y de la cantidad de impuestos y su estructura. Aún con este escenario complicado, la oposición se anima a plantear la eliminación del IASS (que pagan las jubilaciones más altas y recauda 240 millones de dólares anuales), y el gobierno sigue adelante con la reducción del IVA en tarjetas (estima que no tendrá impacto fiscal por mayor formalización), compromiso electoral previo que -en realidad- tenía mayor alcance, pues se planteó reducir el IVA en dos puntos, en toda la economía y no solo en transacciones con tarjetas. Ahora, el Frente Amplio plantea extender el Impuesto de Primaria a la tierra de uso agropecuario.

Ante una economía que modera su crecimiento, aumentar impuestos no sería la mejor noticia, y tampoco parece haber mucho margen para eliminarlos. Enfatizar en contener el gasto parece ser un camino más sensato y todo dependerá de la vocación política de los próximos gobernantes. Será cuestión de prioridades, que luego pautarán qué rubros se pueden contener y reducir y cuáles habrá que reforzar. Eso exige una consideración global y por eso la discusión presupuestal es tan interesante. En estos años, hubo cambios relevantes: aumentó fuertemente el presupuesto en Educación y Seguridad, cayó en Defensa y se mantuvo muy bajo en Infraestructura. La campaña electoral ha dado algunos indicios de lo que harían los partidos si les toca gobernar; el presupuesto del año próximo lo pautarán las intenciones políticas y la cruda realidad.

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