El desafío del empleo

    Se conocieron los datos del mercado de trabajo correspondientes al mes de enero, con un aumento en el desempleo, que llegó a 8,5% en el promedio nacional y 9,5% en Montevideo.

    Se conocieron los datos del mercado de trabajo correspondientes al mes de enero, con un aumento en el desempleo, que llegó a 8,5% en el promedio nacional y 9,5% en Montevideo. Esto quiere decir que en Uruguay hay casi 136.000 personas desempleadas. En la capital, casi una de cada 10 personas que ofrecen su trabajo, no lo encuentra.

    Hasta ahora se venía registrando una caída en el empleo que venía acompañada de una reducción en la oferta de trabajo. Es decir: el empleo caía, pero al mismo tiempo caía el número de personas que ofrecían su trabajo, de manera que el desempleo se mantenía constante, levemente por debajo de 8%, en tendencia y más allá de variaciones mensuales. Estas tendencias no han variado, pero la suba del desempleo en enero (4 décimas por encima de su nivel del mismo mes del año pasado), enciende una luz amarilla.

    Durante los últimos años (2015-2017) el empleo cayó, luego de años previos con niveles récord (2012-2014) (ver cuadro). Durante la caída, el salario siguió subiendo en términos reales (ver gráfica). Seguramente, este fue uno de los factores que permitió que mucha gente saliera del mercado de trabajo: en el núcleo familiar, si el ingreso principal se robustece y mejora, es posible que otros miembros dejen el mercado de trabajo, al menos transitoriamente, para estudiar, jubilarse o lo que sea. El mismo efecto puede plantearse por la persistente mejora en el nivel de las jubilaciones. Más en general, todas las herramientas de apoyo social que despliega el Estado tienden a facilitar esta tendencia (Sistema de Cuidados, seguros de enfermedad y desempleo, etc.).

    El asunto es que este “arbitraje” entre salarios en alza y empleo en baja no puede persistir indefinidamente. O el empleo deja de caer, respondiendo a una economía que retomó buenos niveles de crecimiento, o –si lo anterior no ocurre, y la economía no genera nuevos puestos de trabajo- los problemas de empleo terminarán traduciéndose en mayor desempleo, porque la oferta de trabajo no puede seguir achicándose y los hogares intentarán mantener el nivel de vida con más ingresos. Este último escenario plantearía un freno al aumento del salario real.

    Todas estas consideraciones estarán en juego en la nueva ronda de negociaciones salariales que se inicia. Es un desafío grande para trabajadores, empresarios y gobierno. En el mediano y largo plazo, la contraposición entre salario y empleo es evitable, si se atiende a mejorar la productividad general del empleo, lo que precisa –entre otras cosas- de un aumento en las inversiones. Pero en el corto plazo, es insoslayable que aumentos de salario sin la correspondiente suba en la productividad, tarde o temprano redundará en más desempleo. Aunque suene paradójico, la reducción en el empleo ocurrida en los últimos años, mientras la economía crece moderadamente, implica un aumento en la productividad de los trabajadores que siguen ocupados; pero las inversiones están en retroceso por lo que este efecto parece más bien transitorio.

    El Uruguay está en una nueva etapa en su economía, sin el desempeño rutilante de los años del “boom”, pero con mejores números que los años anteriores. Para sostener este escenario y mejorarlo, se requiere que las condiciones para la inversión mejoren; mientras, es clave un buen manejo de la relación entre empleo y salario, atendiendo –además- la profunda transformación tecnológica que –después de revolucionar el empleo en el agro y la industria- está llegando a los servicios. Si nos preparamos bien para este escenario, tendremos más y mejor empleo; pero si no anticipamos la jugada, el mercado de trabajo entrará en problemas.

     

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