El clásico del Cuento Chino

Fue en 1908, cuando un escriba de estas tierras definió a los equipos grandes como "irreconciliables adversarios de todos los tiempos".

Fue en 1908, cuando un escriba de estas tierras definió a los equipos grandes como "irreconciliables adversarios de todos los tiempos". 

Más allá de la eterna polémica que rodea la batalla por el decanato, el mundo considera el clásico uruguayo como el más antiguo fuera de suelo británico y ubica como inicio de la estadística el partido disputado el 15 de julio de 1900 que el Central Uruguay Railway Cricket Club ganó 2-0 con tantos de Aniceto Camacho. 

La rivalidad y las discusiones se instalaron en los barrios del Montevideo pos Guerra Grande y enfervorizó charlas en el taller, los saladeros o los frigoríficos. 

Cruzada la frontera del 900, el equipo de Villa Peñarol pasó a ser el cuadro de los obreros del ferrocarril y el de los "señoritos universitarios" adquirió definitiva identificación con los "nacionalistas" que habían elegido los colores de la bandera del prócer para identificarse. 

Así, las crónicas de esos tiempos detallan la rivalidad asociando los clubes a obreros y patrones, a diferencias sociales y al furor del deporte que inventaron los ingleses en el Paisito.

Surgieron los debates, las estadísticas y las batallas políticas en la AUF. 

Hubo peleas dramáticas y hasta un final con jugadores en Cárcel Central. 

Pasaron tardes de sol iluminadas por los goles de Atilio García -con 34 gritos, máximo goleador del duelo- o de Fernando Morena, al decir de Heber Pinto, "El Nando, el Potrillo, el de siempre...".

Hubo "Carrascazos" narrados por el Maestro Víctor Hugo que se alternaron con gritos de "La Fiera". Héroes de la pelota que llegaron tras la continental batalla del Alberto Spencer y Luis "Artillero" Artime. 

Hubo "San Pablo de los Milagros", goles en cinco colores del "Lucho", "Superman", "Principito", "Pinocho", "El gran Hugo" y un "Jugador de Dibujitos Animados". 

Clásico de una ciudad, como Milan-Inter, Flamengo-Fluminense o Celtic- Rangers. La disputa entre criollos e inmigrantes, como aquella entre católicos y protestantes que dividía a la escocesa Glasgow, perdió sus raíces.

Han pasado muchas lunas. Han cambiado modas, tendencias políticas e ideologías. Los cruces pasaron de las viejas canchas del Novecientos  -cuando se miraban de reojo los taitas- a desafíos cibernéticas donde los provocadores se esconden en burdos seudónimos que aquellos guapos de antaño -siempre listos a dar la cara- no hubieran admitidos.

Pasó el clásico de Aniceto, el de "La Valija", el 6-0, "La Fuga", el "8 contra 11" y hasta uno jugado en España.

Ahora, se agregará a la larga lista que seguramente admite otros novelescos encuentros, "El clásico del Cuento Chino".

Contará la historia el emotivo final y detallará un primer tiempo que perteneció a Peñarol e incluyó dos chances perdidas por Silva y un anodino andar de Nacional. Precedió ese primer capítulo un febril enfrentamiento entre el rebelde Horacio Peralta -que aseguraba tener en su historial partidos con 40 grados- y un galeno de fuerte personalidad -Carlos Suero- capaz de abandonar su cargo si entraba a la cancha un futbolista que no estuviera apto para actuar.

Sonará durante buena parte del complemento un añejo tango que siempre tarareaba Don Manuel, "El sueño del Pibe", vieja historia urbana del 2 por 4 que le cae a la medida al "Zorrito" Bueno que jugó en la quinta después en primera y ya coquetea con la consagración.

Pero más allá de estos apuntes, habrá un momento grabado a fuego. 

Alvaro Recoba es un jugador único. Lo recuerdo de pelo largo sorteando rivales como espantapájaros. Zurdo, mágico, de extraordinaria pegada. Simple y con su sonrisa franca. Casi tímido al hablar. Encantó en Italia, recorrió en andas el estadio Centenario cuando nos llevó a Australia y lagrimeó... Igual que aquella vez cuando se emocionó con la canción que le dedicó su hermano Fabián quien -cuentan, como en toda novela de fútbol- era mejor que él pero no llegó. 

Frente al micrófono de "Subrayado" y ante la pregunta de Marcelo Scaglia no dudó en confesar -con la misma honestidad con la que alguna vez aseveró que no le gustaba entrenar- que tenía taquicardia y nervios cuando se paró ante Carini para patear un penal en los descuentos. 

El imaginario popular, con el paso de los años, le irá agregando cosas. "Yo estaba... Casi rompe el arco", "Fue inatajable", "Estaba pasado de hora", Si Carini se quedaba parado le pegaba la pelota en el pecho...". 

Recoba es de esos grandes jugadores que aparecen cada tanto. 

De perfil bajo, el año pasado eligió dormir la bola -que siempre obedece a su zurda irreverente- en Danubio. Sufrió críticas e ingratitudes que le dolieron. Meditó su futuro y regresó a "Los Céspedes".

Una tarde clásica, se paró para tirar un penal de triunfo con nervios de principiante.

Yo no le creo. Desde la cabina de Radio Carve lo vi parado con el temple y la seguridad que sólo tienen unos pocos elegidos. 

Para que conste en la crónica, al tiro -perfecto- siguió grito furioso, estallido de tribuna y tarde de pañuelos blancos.

Fue un 20 de noviembre de 2011. 

Fue el "Clásico del Cuento Chino". Una linda revancha para alguien que la merecía por su inconmensurable talento.

Los goles del clásico - Nacional 2 - Peñarol 1 by SubrayadoHD

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