El arte de lo imposible

La definición de imposible apunta a algo que no puede ocurrir. Algo sumamente difícil.

 

La definición de imposible apunta a algo que no puede ocurrir. Algo sumamente difícil.

“Imposible que Nacional tenga chance en el Apertura”. “Imposible que pueda absorber la diferencia en la tabla de posiciones”. Y se podría agregar un “casi” imposible que Marcelo Gallardo siga en el club tricolor, una frase que se escuchó luego de la inesperada derrota ante Bella Vista, el peor equipo del certamen.

Pero también admite asimilarlo a poner todos los medios para conseguir algo.

Hacer lo imposible por  alcanzar la gloria, por ejemplo.

El atleta británico Doug Larson sentenció que algunas de las hazañas más grandes de la humanidad han sido obra de personas que no eran lo bastante listas para comprender que eran imposibles.

¡Cuánta razón!

Apoyado en viejas historias del sentir futbolero, no es descabellado imaginar que después de la caída ante los papales (0-1) hubo un juramento.

Seguramente en reunión privada -donde los mayores hablaron y los jóvenes escucharon- apostaron a la fe, la vergüenza interior y la convicción para lograr dar vuelta la taba. 

La frase final seguro fue: a multiplicar victorias y esperar.

Así, cobijados en la consigna de "a partir del próximo partido", futbolistas y cuerpo técnico -con aceitado respaldo de la Comisión Directiva- se aferraron a la tenue luz de esperanza. Apenas una llamita azotada por un tsunami si se la comparaba con el futuro venturoso que esperaba a su eterno rival, Peñarol, instalado en la punta del Apertura y coronado por la crítica especializada antes de llegar a la meta.

Herman Hesse, escritor suizo de origen alemán, autor de “El viaje a Oriente”, proclamaba que para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.

Marcelo Daniel Gallardo, 35 años, nacido un cálido verano en Merlo, sabe que se pueden desafiar los pronósticos agoreros que anuncian males y desdichas.

Cuando lo vieron caer, una tarde de sol en el Parque Central, muchos expusieron convencidos que no volvería a lucir la camiseta tricolor.

También anunciaron que se iría a fin de año, y luego en la mitad del Apertura.

Seguramente el Muñeco Gallardo no necesitará ningún manual de auto ayuda para superar dificultades.

Así, exhibió convencimiento en temas puntuales. Reguló a Álvaro Recoba, proyectó juveniles -el Vampiro Torres, el Zorrito Bueno, Renato César-, ajustó la ofensiva y escuchó -pero desestimó- consejos sobre cómo reforzar una defensa que -tras pifias iniciales- armó a su criterio y cosechó elogios por un largo invicto en el arco.

Como si fuera poco, tras un opaco primer tiempo, ganó la batalla clásica con ajustado movimiento de piezas dando jaque mate a un zorro de las canchas como Gregorio Pérez. También cerró el ciclo de Horacio Peralta en Nacional.

Es curioso. Los libros del fútbol argentino, que dedican varias páginas a Marcelo Gallardo, cuentan que en 1968 reinaron Los Matadores de San Lorenzo.

Ese equipo se ganó el mote porque mataba a sus rivales en el complemento.

Asevera la leyenda azulgrana que el entrenador del Ciclón, un paulista de firme carácter, Elba de Pádua Lima, Tim para los amantes de la pelota y los viejos amigos, no conocía a los equipos argentinos. Por lo tanto -y siempre después de un primer tiempo vacilante- esperaba a sus futbolistas en el vestuario con 22 tapitas de refresco y les mostraba como debían moverse en la cancha para vencer al oponente.

El DT tricolor también puede contar que sus equipos definieron los pleitos en el segundo tiempo.

Fueron los matadores tricolores.

Se aproxima el desenlace.

Falta una fecha para el cierre del certamen -que prestó el primer puesto varias veces- y Nacional es el único que depende de su suerte para ser campeón.

Así, los sucesos afortunados y desafortunados, se alinearon desafiando la superstición y las leyes de probabilidad y anunciaron que nadie tiene una chance mejor.

Henry Kissinger,  astuto estratega de la imperial política exterior de Estados Unidos del siglo pasado sentenció que la política es el arte de lo imposible.

Marcelo Gallardo puede hacer suya la frase el fútbol es el arte de lo imposible.

Al fin y al cabo, tras recorrer con éxito un sendero utópico, hoy llegó a un buen puerto y el éxito está a punto de rendirse a sus pies.

Esto demuestra que el convencimiento y la perseverancia transforman la utopía en realidad.

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