Clásica tarde

Es tan, pero tan importante un partido clásico, que resultó capaz de que las grises nubes que entristecieron la mañana y parte de la tarde de domingo...

 

Es tan, pero tan importante un partido clásico, que resultó capaz de que las grises nubes que entristecieron la mañana y parte de la tarde de domingo, buscaran otro horizonte para dejarle paso a un brillante sol que comenzó a iluminar el cesped del Centenario justo cuando el internacional Ubriaco pitaba para dar comienzo a un nuevo clásico.

Es tan, pero tan importante que permite hacer explotar un Centenario colmado de 50000 almas que mezclan emoción y tensión al momento del ingreso de los equipos.

Petardos, bombas de estruendo y humo, luces de colores; todo, pero todo lo prohibido estaba en el estadio al momento del ingreso de los equipos.

Solamente el incomprensible pulmón, que por motivos de seguridad jamas comprendidos se instaló en Olímpica contra Amsterdam, pareció quedar tan ausente de la fiesta como vacío estaba.

Lástima que varias butacas comenzaron a volar de la cabecera ocupada por parciales de Peñarol hacia la de la Torre de los Homenajes y una de ellas impactó en la cabeza de un funcionario de CAFO que debió atenderse en la ambulancia de turno del estadio.

Una vez que pitó el árbitro, lo deportivo quizo predominar sobre lo festivo, pero Peñarol fue tan impreciso en la definición y Nacional tan carente en cuanto a la generación de fútbol que la primera parte se caracterizó mucho más por los cánticos tribuneros que por la ideas de dos equipos atados, consternados y tal vez preocupados por la necesidad de ganar luego de la victoria de Danubio ante Cerro.

Sin embargo, acompañada de una copiosa lluva se inició la segunda mitad.

Gallardo pareció entender lo que había sucedido en los 45 minutos iniciales y salió con experiencia, magia y picardía, todo lo que pueden aportarle al equipo, el maduro Recoba y el pibe Bueno.

 Del otro lado, Gregorio pareció convencido de su idea y mantuvo la alineación, más aún cuando Rosano hizo un gol de otra tarde, de otro partido; porque cuando nadie lo imaginaba y casi sin darse cuenta, envío un potente centro que, cual flechazo se coló a las espaldas de un Muñoz algo estático.

De todos modos, Nacional no tuvo tiempo de bajar los brazos. Ya que un doble error en el área menor mirasol le permitió a Bueno, cumplir el "sueño del pibe"; es que con apenas 18 años, debutó con gol en un clásico.

Cerrado, inocuo se puso el complemento; el cansancio comenzó a dominar las mentes de los players que se golpeaban más de lo que jugaban.

Pero... "un clásico, es un clásico" y así se definió este, porque  una falta para Peñarol al borde del área tricolor, con expulsión del experiente Viera como acto negativo, terminó con penal y gol de Nacional, de la mano y el talento de Recoba.

Estábamos en descuentos, Carini parado a su frente y la Amsterdam no hacía otra cosa que silbarlo, pero Recoba tomó el balón con sus manos, lo acomodó y sacó toda su clase para acariciarlo con potente zurdazo y colocarlo bien lejos de su examigo y actual portero de Peñarol.

El partido se marchó, los tricolores festejaron y algunos mirasoles dejaron derramar lágrimas en sus mejillas; es que se fue mucho mas que un juego, se fueron además un Campeonato y otra clásica tarde...

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