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Jorge Batlle, la crisis de 2002 y su salida

Y es difícil abordar en una breve nota su pensamiento y acción respecto a la economía del Uruguay, en su trayectoria de tantas décadas.
Creo que es insoslayable recordar que Batlle vivió directamente –hijo de Presidente- los avatares y dificultades del Uruguay en aquel lento y duro declive que transcurrió desde los 50 hasta los 70, y que terminó en la dictadura, a la que combatió desde sus primeros golpes.

Las economías del mundo se cerraban y los productos del Uruguay tenían cada vez menos espacios, y menos precio. La crisis se fue profundizando y no se encontraban respuestas para la sociedad uruguaya. En aquellos años, Jorge Batlle abrazó un pensamiento muy distinto al de su padre: profundizó en los enfoques liberales, cuestionadores y críticos del dirigismo y el estatismo, tan en boga en aquellos tiempos. No fue menor el vínculo de su suegro, Lamuraglia, con referentes de la escuela liberal austríaca, que Batlle aprovechó para profundizar su visión política y económica.

La peripecia del Uruguay de aquellos años-tan dura y que culminó con tanta violencia-, Batlle la vivió como protagonista: líder de la 15, candidato a la Presidencia, legislador. Luego de la dictadura, reinició con vigor su vida política partidaria, peleando internas y perdiendo elecciones. En total, fue cuatro veces candidato a la Presidencia, derrotado en distintas circunstancias.

Si se habla de economía, no puede soslayarse su candidatura del ’89, cuando –luego de ganarle la interna colorada a Tarigo- expresa en plena campaña su desacuerdo con la Reforma Constitucional que ataba jubilaciones a salarios. Fue uno de los ejemplos más claros de su honestidad intelectual, ejercida sin cálculos políticos. Dicha posición, entre otros factores, le costó la elección.

Para Jorge Batlle, la quinta fue la vencida: ganó las elecciones del año 1999, en el primer balotaje que hubo en Uruguay. No pudo ser peor momento para llegar a la Presidencia: la economía ya venía cayendo (ver gráfica), luego de que la devaluación de Brasil dejara casi la mitad de las exportaciones del Uruguay fuera de precio. No se quiso devaluar ese año 1999 (año electoral) ni tampoco Batlle desarmó el tipo de cambio fijo cuando arrancó su gobierno. Su optimismo lo llevó a buscar superar la situación por otras vías, aunque costaría caro.

En el 2000, primer año de su Presidencia, su empuje político, innovador, abierto, lo llevó a muy altos niveles de popularidad y a una verdadera ‘luna de miel’ con la oposición de izquierda, con la Comisión para la Paz como logro emblemático.

Recuerdo ese año un episodio, a mi juicio, tan o más significativo que el recordado episodio de la entrevista con Bloomberg. En una conferencia organizada en la Cámara de Comercio, ante planteos de técnicos del Banco Mundial sobre políticas sociales, Batlle vociferó: “¡Que nos abran los mercados, que de las políticas sociales nos encargamos nosotros, como lo hicimos siempre!”. Los técnicos y responsables de programas con el BM, se movían en sus sillas. Fue un planteo profundo: percibiendo ya las dificultades, Batlle reclamaba espacios de mercado, imprescindibles para el Uruguay y su gente. Un planteo hoy aún vigente.

Pero las malas noticias se siguieron acumulando. Luego de un primer foco a fines de 2000, la aftosa se desparramó por todo el Uruguay a principios de 2001. Al igual que el posterior ‘contagio financiero’ esto también llegó desde Argentina. No fue un hecho fortuito: Argentina ocultó que tenía aftosa en su territorio (los posteriores enojos de Batlle con sus entrañables vecinos, no eran antojadizos), y agarró al Uruguay con el rodeo sin vacunar. Nuestro país había decidido dejar de hacerlo en 1995 (contra la opinión de los laboratorios veterinarios), porque en la región la aftosa estaba en retirada. Había logrado así, como ‘País libre de Aftosa Sin Vacunación’, acceder a los mejores mercados del mundo. Pasamos del paraíso al infierno en pocas semanas. Batlle había depositado en la ganadería mucha expectativa, afirmando: “la vaca les gana”. Pero la aftosa nos hizo retroceder varios casilleros.

En este escenario, ya de por sí crítico, llega la crisis argentina a fines de 2001. La Convertibilidad peso-dólar terminó de la peor forma: con crisis política, default y estallido social. Uruguay también estaba seriamente expuesto a Argentina en su sistema financiero: el principal banco uruguayo en depósitos era el argentino Galicia (casi todos depósitos argentinos). La corrida no se hizo esperar y se trasladó luego a los bancos uruguayos. Era el año 2002, que quedaría marcado a fuego en nuestra historia: devaluación, feriado bancario, ahorristas que perdieron sus ahorros y miles de uruguayos que perdieron el empleo. La desocupación llegó al 17%.

En ese escenario, el presidente Batlle estuvo a la altura de las circunstancias. Superando varios momentos de desazón y noches de desvelo (en las que se iba a leer libros de caballos, para despejar la mente), buscó la ayuda de los EEUU, cuyo apoyo fue clave para superar los días más críticos. El FMI –en particular algunos burócratas chilenos- no creía que Uruguay pudiera salir sin default, y el préstamo puente de la Reserva Federal de EEUU (U$S 1.500 millones) permitió pasar el abismo. El presidente Bush y John Taylor (subsecretario del Tesoro), fueron figuras clave para concretarlo. En el gobierno, Sténeri y Alfie trabajaron denodadamente en aquellas negociaciones que permitieron abrir un camino de salida.

Pero aún faltaba mucho para superar la crisis y es allí que Batlle –ya con el gabinete renovado y con Atchugarry y de Brun en el MEF y el BCU- plantea que Uruguay debía honrar todos sus compromisos, pues de lo contrario su prestigio institucional quedaría afectado por mucho tiempo. Así, a los ahorristas de bancos estatales con depósitos reprogramados, se les devolvería el dinero con intereses adicionales. Y a los acreedores de la deuda estatal, locales y extranjeros, se les pidió más plazo: Uruguay quería pagar, pero no podía hacerlo de inmediato.

Así, este pequeño país presidido por Batlle planteaba pagar todo, pese a la crisis, en contraste flagrante con nuestros vecinos, que hicieron el mayor default de la historia del mundo vitoreando en el Congreso. Era un planteo duro, que exigiría al pueblo uruguayo enormes sacrificios adicionales, y sobre el cual muchos dudaron, desde el FMI hasta el propio Tabaré Vázquez, nuestro actual Presidente, pasando por las desprestigiadas calificadoras y los principales medios de información financiera mundiales. Pero se logró: con apoyo multipartidario y social, Uruguay procesó un canje de su deuda estatal en 2003 por unos U$S 3.000 millones, que le dio el oxígeno financiero para recomponerse.

De allí en más, la situación comenzó a mejorar: con moneda devaluada la competitividad de corto plazo mejoró y la economía retomó el crecimiento. EEUU –otra vez- fue una apoyo clave al reabrir su mercado cárnico, una vez superada la aftosa. Los sectores productivos comenzaron –lentamente- a recomponerse, aunque no fue sencillo: no se perdonó a nadie las deudas, que se pagaron con esfuerzo y pérdidas patrimoniales.

Ayudaron los capitales que, de a poco, empezaron a reingresar al Uruguay. Y comenzó a emerger la demanda asiática por alimentos (con China a la cabeza), lo que impulsó la agricultura. Batlle siguió activo y –entre otras iniciativas- ‘ató’ la construcción del futuro nuevo Aeropuerto de Carrasco y –decisión clave- dio luz verde a Botnia para construir su planta. Sin esa decisión, es muy dudoso que hoy tuviéramos el actual desarrollo industrial en celulosa.

Ya en 2006 el PBI retomó su nivel de 1998. Pero los costos sociales fueron mayúsculos: unos 150.000 uruguayos emigraron, el desempleo bajaba, pero muy lentamente. La exclusión social se agudizó. Batlle reconoció la fuerza del pueblo uruguayo para soportar las penurias.

¿Podían haberse previsto los factores causantes de la crisis? Discutible. ¿Podría haberse ésta evitado? Imposible. Sí se podría haber incumplido los compromisos, repudiado las deudas y contratos. A corto plazo -tal vez- algunas cosas habrían sido menos duras. Pero a la larga, el costo habría sido mayúsculo. Batlle lo sabía y decidió ir por el camino con más costos políticos, pero el más sano para el futuro del país, en el que siempre creyó y pensó. Las urnas le dieron luego la espalda a su partido, pero la sociedad uruguaya le reconoce su honestidad, valor y hombría de bien. Un legado perdurable.

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Sobre El Autor

Periodista especializado en información económica y empresarial. Columnista de Subrayado. Su twitter es @NicolasLussich.

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