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Corriendo atrás de la utopía

Estoy repasando en mi cabeza varios partidos en los que acompañé a la selección uruguaya a La Paz.

Nunca me resultó tarea sencilla pisar Nuestra Señora de La Paz, ciudad y municipio del oeste de Bolivia, una de las siete urbes maravilla del mundo.

En términos científicos, mi organismo no se adapta a la hipoxia que se sufre en la altitud.

O sea, la presión atmosférica disminuye con la altura, lo que afecta a la biodisponibilidad del oxígeno, ya que los alvéolos pulmonares no son capaces de transportar la misma cantidad de oxígeno a la sangre que ante una situación de mayor presión.

Aunque se sabe que la hipoxia es la causante del Mal de Altura, el mecanismo exacto por el que ésta lo provoca todavía es desconocido.

Yo lo puedo contar aunque no haya corrido como lo harán los celestes en el debut de la Eliminatoria.

Es más; ya me desmayé y sufrí el ahogo, ya aparecí en una crónica de un diario paceño como periodista sensacionalista que atacaba el derecho inalienable a jugar a 3.600 metros cuando les conté a un par de escribas lo que me había pasado al descender en el Aeropuerto de "El Alto" por primera vez; ya tomé Sorojchi Pills, mate de coca y siempre que volví acepté "ir despacito, comer poquito y dormir solito".

Ya recorrí senderos que me llevaron al Valle de la Luna, subí cuestas y escalones respirando profundo y me quedé con el grito al borde la afonía cuando en el camino a Sudáfrica pasamos del 0-2 al 2-2 relatando con el inolvidable Lalo Fernández en la vieja Radio Carve.

Ya me reí del 6-1 que le endosaron a Diego Maradona después de proclamar como un boliviano más su apoyo a Evo en la campaña para defender la igualdad de competencia en la capital de Bolivia.

Ya le dije a Hugo De León que tenía razón cuando puntualizó que no venia más a La Paz.

Ya escuché -hace muchos años- a Pablo Bengoechea decirle a su compadre el Vasco Aguirregaray en plena cancha del Hernando Siles -y mientras tiraba un centro en aquel equipo que dirigió Máspoli- que la pelota era distinta.

Ya oí a Passarella decir que no dobla y la vi viajar a la velocidad de un exocet.

Ahora, la volvieron multicolor y la apodaron Golty.

El seleccionado verde arrincona rivales como si lo inspirara Tupak Katari quien sitió a los españoles y les impidió llevarse su mercancía del altiplano.

El aliado contra natura convierte un equipo mediocre en la Holanda del 74.

Los futbolistas llegan por todos lados, disparan misiles contra el arco enemigo, pueblan la cancha de alcanza pelotas que aceleran las reposiciones, llegan como soldados de un ejército incansable por derecha, centro e izquierda y bombardean sin piedad las figuras cansadas que se arrastran como zombies en los últimos veinte minutos.

No es un partido de fútbol.

Es una batalla por la supervivencia.

No faltará un trasnochado que diga que la altura es un mito.

Que es psicológico.

Que sólo se trata de un partido de fútbol.

Allá ellos.

Mareos, cefalea, vómitos, agotamiento, baja de la presión y muchos otros síntomas se dan en la altura.

Entonces...

No me hablen de un partido como todos...

No me digan que esto es fútbol...

Ni que se juega en igualdad de condiciones...

Empieza otro largo camino para llegar a un mundial.

Esta vez no habrá pelota que correr.

Como siempre, aquí arriba, los jugadores irán detrás de una utopía.

 

SOBRE EL BLOG

Una colección de historias, opiniones, anécdotas y desvelos.- Recordando que en el deporte y la vida todo puede ser una falacia.-

Sobre El Autor

Domador de palabras, narrador de emociones, padre feliz y en construcción. Blog personal: robertomoar.blogspot.com

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